
Durante décadas, la pantalla chica convirtió la salud mental en un cliché humorístico: el terapeuta excéntrico de espaldas al paciente o el personaje “loco” al que todos evitan en las reuniones; pasaba con figuras de la ficción muy queridas, pero algo incomprendidas y hasta ridiculizadas en su tiempo (como el legendario Dr. Frasier Crane). La televisión operaba bajo una regla implícita: la ficción es evasión, no introspección.
En contraste con esas historias, en los últimos años hemos presenciado una revolución silenciosa que se vuelve cada vez más notoria respeto a la normalización al tratar la salud mental. Plataformas de streaming han abierto las puertas de la vulnerabilidad y han transformado el dolor humano en una materia prima tan entretenida y educativa como entrañable. Exponentes de este cambio de paradigma los encontramos en joyas modernas como Rooster o Ted Lasso —de quienes les he escrito ya en más de una ocasión— y, de manera mucho más radical, Shrinking, comedia de Apple TV.
En Ted Lasso, el fútbol y el optimismo inquebrantable de su protagonista ocultaban una grieta profunda. La gran genialidad de la serie no fue mostrarnos a un entrenador carismático conquistando Inglaterra, sino obligarlo a sentarse frente al diván para admitir lo obvio: porque believe (creer) también significa aceptar que no podemos con todo solos. Ver a un líder estoico quebrarse, llorar y abrazar su ansiedad desmitificó de golpe el estigma de la terapia masculina, dejándose de ver como un signo de debilidad para convertirse en un acto de valentía.
Pero si el coach Lasso abrió la puerta con timidez optimista, Shrinking —o Terapia sin filtro, su título en español— decidió derribarla a patadas, patear el pizarrón y romper todas las reglas del manual terapéutico. Creada por Jason Segel, Bill Lawrence y Brett Goldstein, esta serie toma el dolor crudo —específicamente el duelo paralizante tras la pérdida— y lo sacude con un humor tan ácido como liberador. Aquí no hay doctores perfectos ni consejos clínicos impersonales, su protagonista está tan roto que decide dejar de fingir: rompe la ética profesional, se mete de más en la vida de sus pacientes y les dice exactamente lo que piensa, desencadenando un caos tan divertido como transformador.
A lo largo de sus ya tres temporadas, Terapia sin filtro nos sumerge en la vida de Jimmy (Segel), un terapeuta que, tras la trágica pérdida de su esposa, decide tirar por la borda la distancia clínica y la prudencia profesional para obligar a sus pacientes —y a sí mismo— a confrontar sus verdaderos problemas mediante una honestidad brutal. Bien acompañada por una brillante estrella como Harrison Ford en el papel de su mentor, la historia nos recuerda una verdad incómoda: los profesionales de la salud mental también son como nosotros, también están lidiando con sus propios monstruos, y sanar no es un proceso lineal, sino un revoltijo de tropiezos, lágrimas y abrazos torpes. Ellos nos sanan a nosotros pero ¿quién los sana a ellos? Una trama que resulta tan difícil como esperanzadora.
Pero lo que yo considero realmente interesante de proyectos como Shrinking o Lasso es la tendencia y obsesión por la psique humana que no se limita solo a la comedia agridulce. Otros géneros vienen tomado el pulso a los conflictos morales y psicológicos desde trincheras mucho más oscuras. Obras recientes como la inquietante exploración de la individualidad en Pluribus o la fragmentación alienante del trabajo en Severance demuestran que la ficción televisiva actual está exorcizando nuestros traumas colectivos, ya sea haciéndonos reír en terapia o aterrorizándonos con una distopía corporativa.
Que en nuestros días la televisión hable de ansiedad, duelos, mentes colmena y divanes imperfectos no parece ser solo una moda pasajera, sino un reflejo cultural necesario. Cuando la pantalla nos lleva explorar nuestras propias grietas —con risas o con escalofríos—, el resultado siempre es evidente: terminamos el día un poco más acompañados, un poco más cuerdos y, sobre todo, con una televisión mucho más sana, de mente.
Los 33 episodios que conforman las 3 temporadas de Shrinking (y cuya temporada 4 está en camino para el próximo año) están disponibles en Apple TV.
Angel Sarmiento
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