Se Rompió La Maldición

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Hoy esta columna se escribe con el corazón en la garganta y el desfibrilador a un lado. ¡Se logró, cabrones! ¡Estamos vivos! Hoy el fútbol nos dio un tanque de oxígeno cuando ya nos estábamos ahogando.
¡México venció a Ecuador! Rompimos la maldición de los partidos de eliminación directa, esa que arrastrábamos desde 1986, y estamos en los malditos octavos de final. El Mundial sigue vivo en nuestra casa, el Estadio Azteca fue un hervidero y el país va a pasar la noche de fiesta.
Y se vale ¡claro que se vale! Hoy es merecido el festejo, ya mañana será tiempo de aterrizar para pensar si en la próxima esquina nos espera como se piensa, los inventores del fútbol: Inglaterra. Hoy no es tiempo de pensar en el futuro rivale, sino en lo que es este equipo, lo que busca y la inmensa alegría que nos dio.
EL FIN DE LA MALDICIÓN
Vamos dándole el mérito a quien lo merece, sin sacar los pompones de manera innecesaria. Lo de Mora, independientemente de lo que pase en este mundial con el equipo el bálsamo que ilusiona en el presente, pero mucho más en el futuro ¿hace cuanto no soñábamos con un jugador así? Quiñones esta siendo ese diferencial que es obligado para cualquier naturalizado. “El piojo” es ese revulsivo indescifrable cuando ataca. Lira, es ese contención que hace inexplicable que Chelsea haya pagado 140 millones por Caicedo ¿Cuánto valdría el entonces?
Si Ecuador no fue el rival durísimo que esperábamos fue por lo que hizo y planteo el equipo mexicano que hizo parecer fácil, lo que era muy, muy complicado. ¡Hoy murió el “jugamos como nunca y perdimos como siempre!, por lo menos en esta fase. Hoy jugamos como nunca, como deberían jugar muchas veces y ganar. ¡Bendita victoria que cambia todo!
La gran noticia es que, por fin, después de 40 años, México sabe lo que es ganar y eliminar a alguien en una Copa del Mundo. Desde aquel 15 de junio de 1986 contra Bulgaria, vivíamos en el día de la marmota. Hoy esa malaria se terminó. Javier “El Vasco” Aguirre volvió a sacar agua de las piedras. Criticado, cuestionado por sus formas, pero el viejo lobo de mar metió a este barco a puerto seguro. Hoy hay héroes, hoy la gente festeja en el Ángel de la Independencia, y se vale. El fútbol es de momentos y este momento hay que gozarlo.
EL MURO DE SIEMPRE: LOS MALDITOS OCTAVOS DE FINAL
Pero atención, después de festejar hay que aterrizar y en el avión de Doña Sele el piloto ya nos dijo que estamos en el mismo lugar de siempre. El famoso, el histórico, el traumático muro de los octavos de final. Ese lugar donde nos hemos quedado congelados tantas veces que ya parecemos estatua.
Hagamos memoria para que vean el tamaño del monstruo al que volvemos a enfrentar:
En el 94, Bulgaria nos echó en penales.
En el 98, Alemania nos dio la vuelta.
En el 2006 y 2010, Argentina nos vacunó (la segunda, por cierto, con el vasco en el banquillo).
En el 2014, Holanda con el “No era penal”.
En el 2018, Brasil nos pasó por encima.
Y miren el destino lo caprichoso que es: dos de esas eliminaciones en octavos fueron justamente con Javier Aguirre. En Corea-Japón 2002, aquella tarde trágica en Jeonju donde Estados Unidos nos desnudó y el vasco perdió la cabeza con cambios y homenajes que nadie entendió. Y en Sudáfrica 2010, donde Argentina nos pasó por encima tras aquel error de Osorio y el gol en fuera de lugar de Tévez, con un vasco que desde las conferencias de prensa previas ya traía la gorra abajo y los ojos tristes.
El fantasma de los octavos persigue a México, pero persigue, sobre todo, al Vasco Aguirre. Es su cuenta pendiente con la historia. Es su oportunidad de redención, es la tercera es la vencida sin importar lo complicado que sea el rival que nos toque, así sea Inglaterra.
¿VIENE INGLATERRA? EL MONSTRUO DE LA PREMIER
¿Y contra quién nos vamos a jugar la vida? Contra Inglaterra. Vamos analizando el contexto con datos duros. Inglaterra no es Ecuador, muchachos. Inglaterra es una selección plagada de estrellas de la Premier League, tipos que juegan a un ritmo de Fórmula 1 cada fin de semana. Tienen velocidad, tienen juego aéreo, tienen cotizaciones de mercado que harían palidecer a toda la Liga MX junta.
¿Es imposible? No, en el fútbol no hay nada imposible y menos siendo locales. La presión ahora cambia de bando. México ya cumplió con el expediente mínimo de meterse a octavos y romper la racha de 1986. Toda la presión de fracasar es de los ingleses. Si el vasco logra plantar un partido inteligente, cerrando los espacios en las bandas y apelando al desgaste físico y al cobijo de nuestra gente, podemos competir. Pero para ganarle a Inglaterra se necesita el partido perfecto. Cero errores defensivos. Si regalamos un balón como en el 2010 o nos desconcentramos diez minutos como en el 98, estos tipos nos van a devorar vivos.
Pero de eso hay que preocuparse hasta mañana. Hoy se festeja, se vale abrazar la camiseta y gritar el gol hasta quedar afónicos. México demostró que, cuando quiere, tiene orgullo. Pero el verdadero Mundial, el que define si esta generación pasa a la historia o se queda en la misma repisa de las anteriores, empieza el próximo partido. El Vasco Aguirre tiene una cita con sus propios demonios en los octavos de final. Esperamos que ese día se haga el exorcismo que tanto anhelamos.
“El pasado no se puede cambiar, pero el futuro está en tus manos.” Mary Pickford

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