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No, no es que burlarse de un segmento bien definido de la sociedad y de los votantes no sea un asunto grave o inconveniente, no es que abrir la boca y exhibirse en automático no sea vergonzoso, lo que sucede es que el grado de improvisación, tolerancia e impunidad en el partido Morena es tal, que los obliga a tolerar cualquier cantidad de estupideces cometidas por sus militantes y cuadros “destacados”.
El actual nivel de crítica hacia el partido en el poder es de tal magnitud que hoy por hoy resulta imposible para la 4T aceptar, sancionar o expulsar a personajes nefastos que minan desde dentro al movimiento obradorista.
Hacerlo sería como reconocer públicamente que medio país tiene razón en los señalamientos y acusaciones de ineptitud que a diario recibe el partido en el poder.
Admitir y sancionar es algo que no va a suceder y los improvisados personajes que rodean al movimiento obradorista lo saben muy bien, el nivel de aceptación entre la población es muy alto aún y por ello Morena se puede dar el lujo de contener y aguantar cualquier cantidad de abusos, excesos y mediocridad.
Las diputadas Nayeli Salvatori Bojalil y Elvia Graciela Palomares Ramírez son el más reciente caso de estupidez conductual, pero por supuesto que no serán por ningún motivo las últimas en protagonizar otro escándalo morenista.
La comisión de honestidad y justicia de Morena determinó suspender de manera provisional los derechos de las dos militantes, por ello, estas dos legisladoras tienen prohibido participar en asambleas, consejos, comités o comisiones del partido.
Castigo que para el perfil de las señaladas resulta más un premio que una sanción, ya que su nivel de participación y resultados partidistas es ínfimo y claramente mediocre; de su trabajo legislativo es destacable su capacidad para presentar iniciativas destinadas a quedarse en el papel.
Con este par de diputadas no sucederá nada extraordinario a nivel de partido, por su puesto nunca serán expulsadas y su castigo más importante será perder su derecho a la reelección del 27 y a no figurar en ninguna candidatura para las próximas elecciones.
Ese escenario se convierte en un inconveniente solo momentáneo pero de ninguna manera les quita el sueño, ellas saben muy bien que hay otras formas de seguirse acomodando en la política o en el “servicio” público para seguir vigentes en el sistema.
Quienes las conocen bien, aseguran que lejos de estar preocupadas, las señaladas están “felices” porque este escándalo las ha colocado en los reflectores nacionales y con ellos sus niveles de conocimiento estarían mejor que los de cualquier figura política de Puebla.
Quienes las conocen muy bien, afirman que lejos de estar en un proceso de reflexión y bajo perfil por el escándalo provocado, las dos poblanas están planeando con sus grupos más cercanos aprovechar esta ola de exposición para capitalizarla a su favor.
Lo más interesante del asunto es que a como están las cosas en este México y como se otorga la impunidad en Morena, harán muy bien y sacarán el mejor provecho de una ofensa colectiva.
El proceso de linchamiento y generosa exposición mediatica ya pasó y no sucederá nada que esté vinculado al escarmiento.
La realidad es que la responsabilidad del más reciente alboroto de Morena no puede ser de estas dos diputadas, del senador con una propiedad en Tepoztlán, de la gobernadora mexicana exhibida en las calles de Madrid, del gobernador acusado en Estados Unidos de tener vínculos con el narco, del hijo que busca el fuero a través de una diputación federal o de todos los acusados de corrupción e impunidad en el actual régimen.
La verdadera responsabilidad es de todos los que han decidido hacer de su voto una simulación sin darse cuenta de que el silencio y la complacencia lejos de ayudar al partido en el poder, lo hunde más y más.
Por lo pronto, hoy el mensaje en Morena es claro: los abusos, los excesos y los escándalos tienen manga ancha porque políticamente en un año preelectoral es preferible fingir que no pasa nada.
Admitir, corregir y sancionar no puede ser una opción.