
En junio de 2025, el pleno de dueños de la Liga de Expansión MX dio una lección de sentido común que debió haber sentado un precedente definitivo: en votación formal de Asamblea, los clubes votaron en contra —con un contundente 8 a 5— de la mudanza de los Toros del Celaya al puerto jarocho bajo el membrete de Piratas de Veracruz.
¿Los motivos? No eran caprichos deportivos; sobraban dudas justificadas sobre lasolvencia moral y financiera de los nuevos operadores, la familia Vives. Había tufo a venta simulada, inconsistencias severas en el comodato del estadio y una ola de demandas mercantiles y legales en hoy todavía están en curso, en hechos públicos y notorios dirían los abogados. La división de plata hizo bien, no quería abrirle la puerta a otro cascarón podrido pues ya demasiados problemas tenían entre ellos.

Pero en Doña Fede la democracia dura lo que tarda un directivo en operar bajo el agua. Para 2026, la consigna desde los escritorios centrales fue dinamitar cualquier obstáculo: Íñigo Riestra operó quirúrgicamente el cambio estatutario conven$iendo a los Pepes, presidentes de Liga Premier y Tercera División -sabrá Dios a cambio de que- para que las mudanzas y certificaciones ya no requirieran el aval soberano de la Asamblea de Expansión, transfiriendo el poder al Comité Directivo en donde él ostenta el control. Por la vía del fast track, sin filtros y saltándose el veto de los clubes, el compadrazgo consumó el capricho. Le abrieron las puertas de par en par a sus amigos.

Hoy, la muerte de Gael —un jovencito de apenas 15 años que soñaba con ser profesional— confirma de la manera más dolorosa, ruin y evitable posible que los equipos de la Liga de Expansión tenían toda la maldita razón en rechazar a ese engendro administrativo llamado que llegó a Veracruz vendido por el promotor Ronald Baroni y al que los Vives le llamaron Piratas FC, cuyo logó y marca está en litigio.
En la muerte de Gael hay varios culpables, y uno de ellos despacha tranquilamente con aire acondicionado en las oficinas de la FMF en Toluca. Porque cuando una federación dobla sus reglamentos para meter a calzador a franquicias insolventes, se vuelve cómplice directa y moral de la precariedad con la que después operan sus campos de entrenamiento.
NEGLIGENCIA CRIMINAL, NO FATALIDAD
Que no pretendan las plumas domesticadas ni los voceros a sueldo vendernos esto como «un lamentable golpe del destino» o «un fortuito golpe de calor». En el puerto de Veracruz el sol calcina desde tiempos desde que Hernán Cortes desembarcó en esos lares; no es una sorpresa meteorológica de este viernes.
Por esas mismas tierras pasaron los Tiburones Rojos de la era Herrerías, desfilaron los planteles en la turbulenta época de Fidel Kuri, jugaron los Tuberos y en los tiempos recientes cientos de niños y adolescentes con el Racing de Veracruz en la unidad Hugo Sánchez. ¡Jamás se había muerto un canterano por golpe de calor!
Lo ocurrido con Gael no fue una riña callejera entre borrachos y trogloditas trasnochados, como la que protagonizaron barristas de Racing y Celaya a las afueras de un inmueble. Esto es infinitamente más grave ante los ojos del Derecho Penal: esto ocurrió en un ambiente controlado, dentro de una sesión oficial de entrenamiento de fuerzas básicas de un club presuntamente profesional, donde el menor estaba bajo la tutela y resguardo físico de la institución. Gael no falleció por un entorno hostil ingobernable; a Gael lo mató la omisión.

EL REGLAMENTO PISOTEADO: ¿DÓNDE ESTABA EL DESFIBRILADOR?
Las normas de la Comisión Médica de la propia FMF no son recomendaciones de buena fe; son mandatos vinculantes. El Artículo 10.1 del reglamento médico federativo es milimétricamente claro respecto a los requerimientos en competiciones y sedes de entrenamiento:
«En los campos de entrenamiento se deberá tener disponible y con adecuada funcionalidad al menos un desfibrilador automático externo (DEA), el cual deberá estar ubicado en un lugar visible para todos los participantes del entrenamiento».
Todo el personal médico y asistencial debe estar validado con certificaciones vigentes en el Protocolo de Paro Cardíaco Súbito y cursos de Soporte Vital Cardiovascular Avanzado (ACLS / SVCA) avalados por la American Heart Association.

Cuando el cuerpo de Gael colapsó sobre el césped por la hipertermia y entró en paro cardíaco, ¿dónde estaba el desfibrilador obligatorio? ¿Dónde estaba el personal calificado para suministrar maniobras avanzadas de reanimación cardiopulmonar en el minuto de oro?
No tenían nada. La respuesta operativa de Piratas FC fue subir al menor en agonía a un vehículo y trasladarlo de urgencia a las instalaciones de la Cruz Roja local, una institución de beneficencia admirable pero que subsiste con recursos limitados para primeros auxilios de choque urbano, no para fungir como sala de terapia intensiva de una franquicia profesional de fútbol. Se saltaron todos los protocolos de la FMF.
LA TRAMPA DE LOS EXÁMENES MORFOFUNCIONALES
Anticipo la coartada de los abogados defensores: alegarán que el muchacho padecía una patología cardíaca congénita indetectable. Si caminan por esa vereda, se disparan en el pie, porque el apartado 2 de la regulación de Fuerzas Básicas de la FMF exige para el alta en el Sistema Integral de Información Deportiva (SIID) la entrega digital de:
Certificado médico oficial con tipo de sangre.
Exámenes Morfofuncionales de Pretemporada, consistentes en química sanguínea, perfil lipídico, espirometrías y pruebas clínicas de capacidad cardíaca (electrocardiograma o ecocardiograma de esfuerzo).

En el fútbol mexicano es un secreto a voces que algunos clubes de opereta, con tal de ahorrarse un presupuesto elemental en laboratorios certificados, simulan estas pruebas y cargan certificados de gabinete médico de farmacia genérica.
Si Gael padecía una condición congénita, un protocolo morfofuncional riguroso debió detectarla antes de otorgarle el carnet de competencia; y si estaba completamente sano, la falla en hidratación y la falta de equipo de reanimación inmediata provocaron su deceso. Por cualquiera de los dos costados jurídicos, el resultado arroja un mismo diagnóstico: negligencia inexcusable con consecuencias mortales. ¿Se atreverá Doña Fede y la directiva de Piratas FC a mostrar esos exámenes médicos?
¿LA MISMA VARA, GOBERNADORA NAHLE?
La tragedia toca forzosamente a la esfera del Palacio de Gobierno en Xalapa. Cuando ocurrió el lamentable homicidio tras la gresca callejera a las afueras – NO dentro- de la unidad deportiva Hugo Sánchez, la administración de Rocío Nahle actuó de inmediato con mano de hierro: clausura total del inmueble tanto que provoco un exilio forzado del Racing rumbo a Tuxtepec. Una decisión más producto de fobias políticas que de la razón jurídica.
Hoy el muerto no cayó en una banqueta durante la madrugada tras una trifulca de bronca de barras; el muerto cayó al mediodía, dentro del estadio Luis “Pirata” Fuente, bajo la custodia de un club operado por los Vives.
¿Tendrá el gobierno estatal la misma firmeza para clausurar las instalaciones del estadio “pirata Fuente” mientras peritos de la fiscalía general del Estado determinan responsabilidades penales contra directivos y cuerpo médico por la muy probable negligencia médica criminal? ¿O aquí operará el influyentismo político para proteger a los consentidos del nuevo proyecto oficialista en el puerto?
A Gael le robaron la vida a los 15 años. Su muerte debe dejar de engrosar las carpetas de archivo muerto de la impunidad jarocha. La Fiscalía tiene la obligación de confiscar los expedientes del SIID, auditar los contratos de comodato y llamar a cuentas a los médicos del club, a los dueños que escatimaron en salud y a los federativos que les abrieron la puerta borrando de un plumazo la legalidad. Esta tragedia tiene muchos culpables, que no deben ser arropados en el manto de la impunidad rampante de nuestro futbol.
¿Habrá alguna declaración de los altos dirigentes de la FMF al respecto o la muerte de Gael NO es para tanto?
“La negligencia es la pereza del deber; pero cuando esa pereza cuesta una vida humana, deja de ser descuido y se convierte en crimen.” Cesare Beccaria (De los delitos y las penas).