
El 3-0 explica el resultado. No necesariamente explica el partido.
Amigo lector:
Estados Unidos derrotó 3-0 a México. Tres goles.
Ninguno a favor.
Primera derrota de Rafael Márquez como seleccionador nacional. Podríamos comenzar por ahí. Sería sencillo.
El problema es que probablemente terminaríamos entendiendo muy poco de lo que realmente ocurrió.
Porque durante aproximadamente los primeros veinte minutos…
Era Estados Unidos.
Y no lo digo yo.
Lo dijo Mauricio Pochettino.
Contra Colombia comenzamos a descubrir las ideas de Rafael Márquez. Contra Perú descubrimos hasta dónde estaba dispuesto a experimentar.
Cambió a los once.
Entonces dejamos una pregunta pendiente:
Estados Unidos iba a proporcionarnos la respuesta.
No porque perder significara fracasar ni porque ganarle al vecino convirtiera automáticamente el proceso en exitoso.
Por primera vez Rafa enfrentaría simultáneamente exigencia futbolística, rivalidad, presión y necesidad de resultado.
Pero había otra pregunta. Quizá la más importante.
Ya tenemos una primera respuesta.
Esto hay que escribirlo porque el 3-0 podría borrarlo. México comenzó mejor que Estados Unidos.
Rafa dijo después que su equipo estuvo bastante bien hasta recibir el primer gol.
Pochettino prácticamente se lo confirmó. Reconoció que México comenzó muy bien, obligó a Estados Unidos a retroceder y durante varios minutos no permitió que su equipo pudiera conectarse como pretendía.
Fue todavía más explícito.
México fue agresivo, ganó duelos, recuperó balones y Estados Unidos no encontraba las posiciones que había planeado.
«El oponente fue mejor», reconoció Pochettino. Eso también pertenece a Rafael Márquez.
Su plan inicial consiguió incomodar al rival. Negarlo porque México terminó perdiendo 3-0 sería analizar el resultado y no al seleccionador.
Pero entonces aparece la siguiente pregunta:
Muy poco.
Y ahí comienza el problema.
México terminó con alrededor del 52 por ciento de posesión. Pero solamente consiguió cinco remates.
Uno a portería.
Y aquí nuestro expediente comienza a mostrar algo que debemos seguir cuidadosamente.
Contra Colombia: 14 remates, 6 a portería. Contra Perú: 7 remates, 3 a portería.
Contra Estados Unidos: 5 remates, 1 a portería.
14 → 7 → 5.
6 → 3 → 1.
Tres partidos todavía constituyen una muestra pequeña. No confundamos una tendencia inicial con una sentencia.
Pero tampoco ignoremos aquello que comienza a repetirse.
Después de Colombia preguntábamos por qué México generaba y convertía tan poco. Contra Perú tuvimos que preguntarnos si el problema comenzaba antes de la definición.
Estados Unidos volvió a llevarnos al mismo lugar:
El propio Rafa reconoció después del partido que a México le falta claridad en el último tercio y necesita generar más oportunidades.
Santiago Giménez tendrá que hacer goles. Naturalmente.
Pero también debemos preguntarnos qué clase de oportunidades está produciendo el equipo para que convierta.
Por eso abrimos nuestro segundo foco rojo de la era RM4:
No falta de gol.
Porque para fallar una oportunidad primero hay que crearla. Ya lo advertimos contra Perú:
Usted puede tener la pelota, instalarse en campo contrario e incluso incomodar al rival.
Y aun así no encontrarse suficientemente cerca de hacerle daño. Por eso la pregunta ahora es bastante más incómoda:
Gol de Estados Unidos.
A partir de ese momento la adversidad cambió de camiseta. Hasta entonces Pochettino tenía el problema.
Ahora pertenecía a Rafael Márquez.
México perdía y comenzaba exactamente el examen que necesitábamos observar. No solamente si podía remontar.
Algo más profundo:
El primer gol no solamente modificó el marcador.
Contra Perú Rafa cambió a los once y, aun así, algunos comportamientos reaparecieron: salir jugando, presionar, buscar recuperar arriba, tener la pelota.
Entonces escribimos:
Una idea que reaparece después de cambiar a los once comienza a pertenecer al seleccionador.
Estados Unidos nos obliga ahora a completar aquella teoría.
Porque una identidad debe resistir al marcador contrario, a la presión, al error, a la frustración y a los ajustes del adversario.
Y aquí Estados Unidos nos proporcionó un espejo extraordinario. También sufrió.
Pochettino reconoció que al comienzo su equipo no estaba jugando como pretendía. Pero permanecieron juntos, mantuvieron la concentración y comenzaron a crecer dentro del partido.
Antes del encuentro había definido la principal virtud de aquel grupo:
mentalidad. Estados Unidos sufrió. Y resistió.
México sufrió después.
Y no consiguió resistir de la misma manera.
No significa que Estados Unidos tenga ya una identidad terminada ni que México carezca de ella.
Significa algo más preciso:
Rafael Márquez calificó los goles como errores muy groseros. Incluso habló prácticamente de regalos.
Y hubo errores mexicanos evidentes.
Pero Pochettino fue interrogado directamente sobre esas palabras y respondió algo extraordinariamente importante:
«Hay que estar ahí, hay que forzar los errores.» Aquí debemos incorporar una nueva distinción: ERROR NO FORZADO ≠ ERROR PROVOCADO.
Porque ambas responsabilidades pueden coexistir. Rangel ejecuta mal.
México pretende salir jugando. Estados Unidos presiona.
El error mexicano existe.
El mérito estadounidense también.
No nos confundamos.
Culpar a Rafa simplemente porque su equipo intenta salir jugando sería absurdo. Excluir completamente al modelo porque Rangel ejecutó mal sería igualmente simplista.
Decisión.
Ejecución.
Presión.
Error.
Castigo.
Y aparece una pregunta que tendremos que seguir:
México llegó perdiendo al descanso. Rafa intervino.
Mateo Chávez entró por Jesús Gallardo y Luis Chávez sustituyó a Luis Romo. No permaneció inmóvil.
Pero intervenir no significa necesariamente corregir.
CAMBIO ≠ CORRECCIÓN.
Ésta es una distinción fundamental para el Sistema Hanan.
No importa cuántos futbolistas mande un seleccionador a la cancha. Importa qué consigue modificar con sus decisiones.
Pochettino también había tenido un problema.
Estados Unidos no encontraba sus posiciones ni conseguía conectarse como pretendía.
Después explicó que realizaron ajustes y, una vez corregidas esas posiciones, comenzaron a encontrar nuevamente su manera de jugar.
La segunda mitad fue diferente. Estados Unidos terminó dominando. Esto nos permite abrir otra categoría: CAPACIDAD DE CORRECCIÓN.
Problema.
Lectura.
Decisión.
Corrección.
Efecto.
Los dos seleccionadores intervinieron.
Pero el resultado de esas intervenciones fue diferente.
Las correcciones estadounidenses ayudaron a que Estados Unidos terminara jugando mucho más cerca de aquello que pretendía.
Eso también pertenece a los seleccionadores.
Contra Perú escribimos que Mateo Chávez había merecido otro examen. Rafa se lo concedió.
Entró al descanso y al minuto 67 fue expulsado.
Eso no convierte automáticamente en equivocada la decisión de utilizarlo ni significa que Mateo quede descartado.
Significa:
PROBADO → REPETIDO → NUEVA EVIDENCIA.
La decisión de utilizarlo pertenece a Rafa. La expulsión pertenece al futbolista.
Y abre otra variable que tendremos que observar:
Estados Unidos ganaba 2-0 cuando México quedó con diez. Desde ese momento las condiciones cambiaron.
México perdía, tenía inferioridad numérica y necesitaba asumir riesgos. Estados Unidos terminó marcando el tercero.
Pero cuidado.
No necesariamente valen exactamente lo mismo para diagnosticar al seleccionador.
El primero y el segundo ocurrieron once contra once. El tercero pertenece a otro estado competitivo.
¿Entonces el marcador miente? No.
El marcador nunca miente sobre quién ganó. Estados Unidos ganó 3-0.
Lo que puede hacer es simplificar demasiado la explicación de por qué ganó.
Pero eso no significa que haya sido accidental.
Estados Unidos hizo cosas para ganarlo. México hizo cosas para perderlo.
Y los seleccionadores participaron en ambas.
Rafa reconoció que México necesita más claridad y generación ofensiva. Reconoció también los errores.
Pochettino explicó qué estaba fallando en su equipo, por qué México lo estaba incomodando y qué corrigieron.
Dos entrenadores. Un mismo partido. Dos perspectivas.
Y aparece otra variable que tendremos que seguir:
Porque reconocer un problema es importante. Pero reconocerlo no lo resuelve.
Rafael Márquez no tendrá demasiado tiempo para quedarse mirando el 3-0. Viene Chile.
Contra Colombia necesitaba comenzar. Contra Perú podía experimentar.
Contra Estados Unidos tenía que competir.
No porque esté obligado a ganar para salvar un proceso que apenas comienza. Necesita algo más importante:
Que la posesión produzca más. Que México genere más.
Que disminuyan los errores.
Pero, sobre todo, descubrir qué hizo Rafael Márquez con aquello que Estados Unidos acaba de enseñarle.
Porque perder puede proporcionar muchísima información. Pero la información por sí misma no constituye aprendizaje.
Estados Unidos nos permitió preguntar:
Chile nos permitirá preguntar algo mejor:
Ése será su siguiente examen.
Amigo lector:
Estados Unidos ganó 3-0.
Pero antes de ganar tuvo que sufrir. México comenzó mejor.
Estados Unidos resistió. México no cobró.
Estados Unidos creció. México se equivocó.
Estados Unidos provocó y castigó.
Y entonces la adversidad cambió de camiseta. Ahí cambió también el partido.
Colombia nos permitió comenzar a conocer las ideas de Rafael Márquez. Perú nos permitió descubrir hasta dónde estaba dispuesto a experimentar. Estados Unidos nos permitió conocer algo bastante más importante:
Y Chile nos permitirá descubrir lo que viene después:
Una idea puede repetirse.
Puede incluso sobrevivir al cambio de once futbolistas.
Pero solamente comenzará a convertirse en identidad cuando sobreviva también a la adversidad.
México todavía no lo consiguió.
Eso no significa que no pueda hacerlo.
Significa que ahora sabemos exactamente qué debemos observar. Mientras tanto, nosotros…
Veremos y diremos.