ESPERAR EL ERROR… O PROVOCARLO

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PUEBLA YA APRENDIÓ A COMPETIR. AHORA TIENE QUE APRENDER A PROVOCAR EL PARTIDO

Puebla perdió 1-0 contra Tigres en el Universitario por un penal derivado de una mano de Facundo Almada, revisada en el VAR.

Brunetta se paró frente a Ricardo Gutiérrez.
Cobró.
Gol.

¿Así de sencillo?
No.

Porque si solamente observamos el marcador, podríamos concluir que Puebla volvió a competir dignamente contra uno de los planteles poderosos del futbol mexicano y que una jugada terminó decidiendo un encuentro cerrado.

Y sería cierto.

Pero sería apenas una parte de la verdad.

La otra…
es bastante más incómoda.

Puebla ya aprendió a competir.
La pregunta ahora es:
¿no estará empezando a conformarse con eso?

TIGRES NO LO PASÓ POR ENCIMA

Primero pongamos las cosas en su sitio.

Tigres no arrolló al Puebla.
No convirtió el Universitario en una trituradora.
El partido fue cerrado, trabado, peleado principalmente en el mediocampo.

Tigres tuvo 56 por ciento de posesión.
Puebla, 44.
Once remates contra seis.
Cuatro al arco contra uno.

Y el partido se resolvió mediante un penal después de la intervención del VAR.

Gerardo Espinoza ha conseguido algo que hace algunas semanas parecía bastante lejano:
que su equipo pueda pararse frente a planteles superiores sin sentirse derrotado antes de comenzar.

Eso tiene mérito.

Pero cuidado.

Porque precisamente cuando un equipo aprende algo…
debe comenzar a exigírsele lo siguiente.

EL RIVAL TAMBIÉN JUEGA

Permítame explicarme.

Contra Toluca, Puebla tenía enfrente al campeón y a un equipo con suficientes argumentos para asumir la iniciativa.

Cerrar espacios, resistir y buscar el momento para golpear tenía lógica.

Contra Atlante fue diferente.

Puebla tuvo que asumir mayor responsabilidad y descubrimos otro problema:
crear, decidir y definir.

Ahora llegó Tigres.

Pero no llegó aquel Tigres avasallador que durante tantos años convirtió al Universitario en una aduana terrible para cualquiera.

Llegó un equipo necesitado.
Herido.
Con cuatro partidos sin ganar.
Y, sobre todo…
un equipo que tampoco estaba jugando bien.

Entonces la pregunta cambia.

¿Había que esperarlo tanto?

Porque una cosa es respetar al rival.
Otra…
respetarlo más de lo que el propio partido exige.

CUANDO TIGRES CERRÓ LA PUERTA

El plan del Puebla era reconocible.
Bloque compacto.
Recuperación.
Desdoblamiento.
Contragolpe.

Víctor Manuel Vucetich lo confirmó después del encuentro: Tigres esperaba precisamente los contragolpes y desdoblamientos del Puebla.

Y le quitó espacio para ejecutarlos.

Cuando Puebla recuperaba, pocas veces encontraba el camino limpio para acelerar.

Tigres alcanzaba a reorganizarse, cerraba la progresión y obligaba al poblano a jugar nuevamente de frente a una defensa acomodada.

Ahí comenzó el verdadero problema.

Porque cuando Tigres cerró esa puerta…
Puebla no encontró otra.

Recuperaba.
Pero no progresaba.

Tenía la pelota.
Pero no lastimaba.

Intentaba salir.
Pero pocas veces consiguió llegar con ventaja.

Seis disparos.
Uno al arco.
Cero tiros de esquina.

Mire usted:
un penal discutible puede explicar por qué perdiste 1-0.

Lo que no puede explicar es por qué durante noventa minutos solamente pusiste una pelota entre los tres postes.

Ahí el VAR ya no tiene nada que ver.

ESPINOZA LO VIO

Y aquí debo reconocer algo al entrenador del Puebla.

No buscó esconder el problema.

Después del encuentro dijo que si su equipo tuviera mejor posesión y fuera más sereno con la pelota podría…
“atacar de otra forma”.

Exactamente.

Porque el siguiente crecimiento del Puebla ya no depende exclusivamente de correr más.
Ni de meter más.
Ni de sacrificarse más.

Todo eso seguirá siendo indispensable.

Pero ahora necesita encontrar sociedades.

Quién juega con quién.
Quién aparece por dentro.
Quién acompaña al delantero.
Quién rompe una línea.
Quién genera una superioridad.
Quién encuentra el pase que obliga al rival a abandonar su posición.

Porque cuando no tienes futbolistas capaces de resolver individualmente cada partido…
debes fabricar colectivamente lo que no puedes comprar individualmente.

LA ZONA DE CONFORT

Aquí está, para mí, el verdadero examen de Gerardo Espinoza.

Lo que convirtió al Puebla en competitivo puede convertirse también en su límite.

El futbol termina estudiándote.

Los rivales observan.
Analizan.
Corrigen.

Vucetich sabía lo que Puebla pretendía.

Neutralizó sus desdoblamientos y su contragolpe.

¿Y después?

Ahí apareció el vacío.

Porque llega un momento en el crecimiento de cualquier equipo en que ya no basta con esperar que el rival se equivoque.

Hay que obligarlo a equivocarse.

PROVOCAR EL ERROR

Y no es lo mismo.

Esperar el error significa aguardar hasta que el rival entregue una pelota.

Provocarlo significa moverlo hasta conseguir que la entregue.

Sacarlo de posición.
Juntar futbolistas.
Crear superioridades.
Cambiar de orientación.
Atacar espacios.
Obligarlo a decidir.

Y entonces…
hacerlo equivocarse.

Eso también se entrena.
Eso también se construye.
Y eso también pertenece al entrenador.

¿Y EL PENAL?

Espinoza mostró inconformidad con algunas decisiones arbitrales.

Y tiene derecho.

La mano de Almada admite discusión.

También reclamó una posible pena máxima favorable al Puebla.

Pero yo no me escondería ahí.

Sería demasiado fácil.

Porque incluso si mañana alguien demostrara que el penal de Tigres nunca debió señalarse…
seguiríamos teniendo la misma pregunta:

¿qué hizo Puebla para ganar el partido?

Esa pregunta vale muchísimo más que cualquier discusión arbitral.

Porque los árbitros no los puede entrenar Gerardo Espinoza.
A sus futbolistas…
sí.

EL EQUIPO YA EXISTE

No nos confundamos.

Nada de esto significa regresar al punto de partida.

Al contrario.

Hoy podemos exigirle más al Puebla precisamente porque Espinoza ya construyó una base reconocible.

Antes preguntábamos si sería capaz de construir un equipo.

Esa pregunta comienza a quedar atrás.

El equipo ya existe.

Ahora queremos saber hasta dónde puede hacerlo crecer.

Y crecer significa conservar lo construido sin convertirlo en refugio.

Porque defender bien no obliga a atacar mal.
Ser ordenado no significa ser conservador.
Y reconocer las limitaciones de tu plantel…
no significa renunciar a encontrar soluciones.

UNA ADVERTENCIA

Hay además algo que habrá que observar.

En algunos momentos contra Atlante y nuevamente frente a Tigres, Puebla pareció perder parte de aquella intensidad que había sido una de sus principales armas.

Puede ser circunstancial.
Puede ser carga de partidos.
Puede ser solamente percepción.

Todavía no alcanza para convertirlo en conclusión.

Pero sí para poner una pequeña marca roja en nuestra libreta.

Porque este Puebla puede sobrevivir sin grandes figuras.

Lo que difícilmente puede permitirse…
es jugar sin intensidad.

AHORA VIENE LO DIFÍCIL

Los rivales también empiezan a conocer al Puebla.

Saben que cierra espacios.
Saben que busca recuperar.
Saben que quiere correr.

Entonces llegará un momento -quizá ya llegó- en que alguno simplemente le entregue la pelota y le diga:

Aquí está.

Ahora dime tú qué sabes hacer con ella.

Y ahí ya no alcanzará con esperar.

Habrá que mover.
Asociarse.
Inventar.
Atreverse.
Provocar.

Porque esperar el error del rival puede ayudarte a competir.

Provocarlo…
puede ayudarte a ganar.

Y ésa, amigo lector…
es otra montaña.

Mientras tanto, nosotros…

VEREMOS Y DIREMOS.

Hasta la próxima.

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