
Los griegos se enojaron con Gea la Madre Tierra porque no le dió a ellos la oportunidad de que en sus tierras naciera una de las grandes mitologías del amor.
William Shakespeare igualmente se molestó de no haber conocido antes de que escribiera sobre Romeo y Julieta la leyenda de un gran eterno amor.
Ese amor al que me refiero fué el que escribieron con sus vidas el Popocatépetl Tlaxcalteca e Iztaccíhuatl, quienes representan la eternidad de un amor trágico, entre una princesa y un valiente y joven guerrero.
Se cuenta que hace tiempo, cuando los Aztecas dominaban el Valle de México los pueblos deberían obedecer y rendir tributos económicos con los productos de sus tierras.
Cansados de lo anterior surgió un guerrero llamado Popocatépetl que decidió pelear para liberar a su pueblo contra los Aztecas.
La princesa Iztaccíhuatl estaba enamorada del joven guerrero, por ello el joven antes de irse a la batalla pidió al padre de la princesa su autorización para contraer matrimonio al regreso de la lucha.
Un rival en amores de Popocatépetl difundió entre la población una mentira, diciendo que el joven guerrero había muerto en la batalla y al enterarse de esa mentira la princesa lloró incansablemente muriendo de tristeza.
Al regreso de Popocatépetl se enteró del fallecimiento de la princesa y para rendirle recuerdo eterno mandó a veinte mil esclavos a construir su tumba frente al sol, juntando diez cerros para formar una montaña que tuvo por altura cinco mil cuatrocientos trece metros.
Al concluir la obra de los cerros, Popocatépetl cargó el cuerpo de la princesa quien simulaba una mujer dormida y la colocó en la cima de esos cerros.
El joven tomó una antorcha humeante y se arrodilló al lado de su amada, sus cuerpos fueron cubiertos por la nieve.
Los cuerpos se convirtieron en volcanes. Uno conocido como la “Mujer dormida”, y otro como el “Volcán que humea”.
El amor de Popocatépetl se expresa arrojando fuego y humo, por su tristeza, dolor, nostalgia por haber perdido a su amada.
Se dió el nombre a la princesa de “La Mujer dormida” porque el amor es un eterno sueño.
Como anécdota: Un ciudadano alemán, catedrático de Historia quiso conocer el Popocatépetl y el Iztaccíhuatl porque había leído un libro de B Traven que hablaba de ellos con espíritu místico, la unión mitológica con lo sagrado por esa razón el Delegado de Agricultura en Puebla, el suscrito y el piloto, junto con el ciudadano Alemán en una no muy nueva y pequeña avioneta llegaron al cráter del volcán para conocerlo como pidió el visitante Alemán, y después de dos vueltas el piloto dijo: señor se está enfriando la hélice (era una) el delegado tajante dijo “bájate”.
Pisamos tierra y el alemán expresó “que majestuoso volcán” y los demás guardamos sólido y tembloroso silencio.
El piloto señalo: “el volcán sigue y seguirá activo, porque su amor por la princesa Iztaccíhuatl es permanente”.
