
Rafael Márquez comenzó su historia como Seleccionador Nacional. El marcador fue 1-1 ante Colombia. El verdadero examen estuvo en sus decisiones.
PEPE HANAN Rafael Márquez comenzó su historia como Seleccionador Nacional.
México empató 1-1 frente a Colombia en Baltimore.
Ese es el resultado.
Pero quizá sea el dato menos importante de todos.
Porque si algo aprendimos durante el Mundial fue que un Seleccionador no puede ser evaluado únicamente por el marcador. El resultado también depende del futbolista que define, del defensa que se equivoca, del rival que ejecuta, del portero que salva y hasta de circunstancias que el hombre sentado en el banquillo simplemente no controla.
Las decisiones, en cambio, sí son suyas.
Y ésas son las que vamos a seguir.
Partido tras partido. Decisión tras decisión.
Hasta descubrir si Rafael Márquez terminará convirtiéndose en Seleccionador o simplemente será otro entrenador que pasó por la Selección Mexicana.
Amigo lector, comienza un nuevo expediente.
Y será largo.
LO QUE RAFA PROMETIÓ
Antes de enfrentar a Colombia, Márquez dejó varias pistas.
No prometió una revolución ni ofreció convertir a México en el Barcelona.
Dijo algo bastante más inteligente:
«Yo me adapto a lo que tengo».
Reconoció que el poco tiempo disponible obligaba a conservar buena parte de lo construido durante el Mundial y explicó que los cambios llegarían progresivamente.
Incluso señaló las cuatro fases donde quería comenzar a sembrar su idea: el inicio de juego, las salidas, las progresiones y las finalizaciones.
Permítame detenerme ahí.
Porque para nosotros aquello significaba algo muy sencillo:
Rafa acababa de firmar su primer contrato futbolístico.
No con la Federación.
Con sus propias palabras.
Primero escuchamos lo que promete el Seleccionador. Después observamos lo que decide. Finalmente comprobamos si una cosa se parece a la otra.
No nos confundamos.
Márquez tampoco recibió un terreno baldío. Había sido auxiliar de Javier Aguirre, conocía al grupo, conocía el proceso y, sobre todo, sabía perfectamente qué cosas habían funcionado.
Pudo hacer lo que tantos entrenadores hacen cuando reciben un equipo: borrar las huellas del anterior para dejar rápidamente las propias.
No lo hizo.
Continuidad antes que revolución.
Primera decisión.
Y queda apuntada.
RAFA SABÍA POR DÓNDE VENÍA COLOMBIA
Antes del encuentro describió al rival: velocidad, fortaleza física, juego directo, rupturas y potencia hacia adelante.
Minuto nueve.
Richard Ríos encontró espacio, levantó la cabeza y colocó un extraordinario servicio que Luis Javier Suárez convirtió en el 0-1.
Qué cosa.
Rafa había identificado el arma.
Y Colombia disparó precisamente con ella.
Diagnosticar correctamente un peligro no significa haberlo neutralizado.
Porque saber lo que hará el adversario sirve de poco si después no consigues impedirlo.
Y tampoco compremos demasiado rápido la explicación cómoda de que fue un extraordinario centro y un extraordinario remate.
Lo fueron.
Pero antes hubo una cadena: Ríos encontró demasiado espacio para levantar la cabeza y servir; Israel Reyes terminó corriendo hacia su propia portería y Jorge Sánchez llegó tarde al cierre. Incluso la intervención de Luis Chávez en el origen de la jugada merece revisión. ¿Error del sistema? ¿Error individual? ¿Mérito del rival?
Probablemente hubo un poco de todo.
No fue solamente un error. Fue una secuencia.
Y ahí está la diferencia entre buscar culpables y encontrar causas.
Y MÉXICO NO SE ROMPIÓ
Aquí comenzó realmente el examen de Rafael Márquez.
No cuando arrancó el partido.
Cuando empezó perdiéndolo.
Porque cualquier plan luce maravilloso en el pizarrón hasta que el rival mete gol.
México estaba abajo desde el minuto nueve y no se volvió loco. No rompió líneas ni convirtió la urgencia en desesperación.
Siguió jugando. Siguió presionando. Hasta comenzar a apoderarse del partido.
Rafa explicó después que pretendía recuperar la pelota lo más rápido posible.
Pero mire usted qué interesante.
No necesitamos creerle solamente a Márquez.
Preguntémosle al rival.
Néstor Lorenzo reconoció que México había sido superior durante el primer tiempo, que Colombia llegaba tarde a la presión y que Gilberto Mora encontraba espacios detrás de sus mediocampistas.
Incluso admitió que la presión mexicana había funcionado bien.
Entonces tenemos algo mejor que una impresión:
Rafa quiso recuperar rápido, México lo ejecutó y Colombia reconoció el problema.
Eso sí pertenece al Seleccionador.
Y también nos permite separar dos conceptos que suelen confundirse demasiado:
posesión y dominio.
México no tuvo la pelota únicamente para engordar una estadística. Durante buena parte del primer tiempo la utilizó para encontrar espacios, recuperar terreno y obligar al adversario a modificar su comportamiento.
El marcador decía 0-1.
El partido comenzaba a decir otra cosa.
LA PRIMERA SEMILLITA
Ahora recuerde lo que Rafa había dicho antes de jugar.
Quería mejorar el inicio, la salida, la progresión y la finalización.
Después del encuentro, distintos análisis detectaron precisamente una circulación más limpia desde atrás, mayor velocidad en la rotación y una intención distinta para progresar con la pelota.
No voy a decir que ahí nació el estilo Márquez.
Sería absurdo.
Noventa minutos no construyen una identidad.
La primera semillita apareció exactamente donde Rafa había dicho que quería sembrarla.
Ahora habrá que descubrir si germina.
EL PROBLEMA ESTABA EN EL OTRO EXTREMO
México disparó 14 veces. Seis fueron a portería. Marcó un gol.
Colombia disparó cuatro. Una fue a portería. Entró.
No hace falta adornarlo demasiado.
México tuvo un problema de eficacia.
Colombia tuvo durante largos periodos un problema de generación.
No es lo mismo.
Y esto importa porque Márquez había mencionado precisamente la finalización entre las áreas que quería mejorar.
Por ahora es un dato. Nada más.
Pero tenga memoria, amigo lector.
Si dentro de cinco, diez o quince partidos seguimos hablando de oportunidades sin goles, habrá dejado de ser casualidad.
Entonces estaremos hablando de un problema.
ENTONCES APARECIÓ MORA
Minuto 62.
Gilberto Mora recibió, engañó, recortó, dejó rivales y definió.
Golazo.
1-1.
Aquí debemos hacer algo que pocas veces hacemos cuando analizamos entrenadores:
separar al Seleccionador del futbolista.
Rafa merece crédito por convocarlo, alinearlo y darle responsabilidad.
Pero el engaño fue de Mora. El recorte fue de Mora. La definición fue de Mora. El gol fue de Mora.
Punto.
DECISIÓN DEL SELECCIONADOR ≠ EJECUCIÓN DEL FUTBOLISTA.
Y esta regla funcionará hacia los dos lados.
No castigaremos automáticamente a Márquez cuando un delantero desperdicie una oportunidad que su equipo construyó correctamente.
Tampoco le regalaremos la genialidad de un futbolista cuando éste invente algo que no estaba escrito en ningún pizarrón.
Al César lo que es del César.
Y a Mora lo que es de Mora.
Después del partido, además, Márquez no alimentó el circo alrededor del muchacho.
Habló de cuidarlo, protegerlo y ayudarlo a desarrollarse.
Tiene 17 años.
Y un Seleccionador no administra únicamente tácticas.
También administra futbolistas.
Queda apuntado.
PERO RAFA LO SACÓ
Y aquí, amigo lector, apareció la decisión que más me interesa de todo el partido.
Mora acababa de empatar.
México tenía impulso.
Colombia acababa de recibir el golpe.
Y Rafael Márquez hizo el cambio que ya tenía preparado.
Salió Gilberto Mora.
Después explicó que pretendía observar futbolistas y darle frescura al equipo.
Es un amistoso. Perfectamente entendible.
Pero nosotros no estamos aquí para justificar decisiones.
Estamos para analizarlas.
Así que pregunto:
¿debió esperar?
Otros análisis plantearon la misma duda: quizá mantener algunos minutos más al futbolista que estaba desequilibrando podía permitirle a México aprovechar el momento y buscar la victoria.
No sé si hubiera funcionado.
Nadie puede saberlo.
Pero ahí chocaron dos obligaciones del Seleccionador: probar y competir.
Y existe un detalle todavía mejor.
El cambio, según se comentó después, estaba preparado antes del gol.
Entonces la pregunta deja de ser si Mora debía salir.
Se convierte en algo mucho más interesante:
¿cuándo debe un Seleccionador cancelar una decisión que ya tomó porque el partido acaba de cambiar?
Apúntela.
Tengo la impresión de que volveremos a ella.
EL OTRO BANQUILLO TAMBIÉN JUEGA
Néstor Lorenzo estaba perdiendo el partido tácticamente aunque ganara en el marcador.
Lo entendió.
Y ocurrió algo fascinante.
No necesitó cambiar inmediatamente futbolistas.
Cambió comportamientos.
Ajustó posiciones y modificó la presión. Incluso explicó posteriormente que, ante las proyecciones de Gallardo, movió a Jhon Arias de sector y después lo utilizó en el mediocampo.
Colombia comenzó a equilibrar.
Ahí tenemos otra herramienta para nuestro laboratorio:
LA INTERVENCIÓN INVISIBLE.
Porque el entrenador no solamente dirige cuando levanta una tablilla.
También dirige cuando mueve una pieza sin sacarla del tablero.
¿Y Rafa?
Aquí debemos ser rigurosos.
No tenemos evidencia suficiente para identificar una contracorrección táctica específica de Márquez al movimiento de Lorenzo. Sus modificaciones posteriores tuvieron también, por confesión propia, un componente experimental.
No voy a inventarle una.
Así que la primera batalla de ajustes queda pendiente en su expediente.
Y nos deja una pregunta maravillosa para los próximos cuatro años:
¿Rafael Márquez corregirá los partidos con el pizarrón o con el banquillo?
O mejor todavía:
¿aprenderá a dominar ambos?
LAS DOS BATALLAS
Ahora podemos entender mejor el empate.
Hubo dos batallas dentro del mismo partido.
La primera fue la preparación.
Ahí Márquez consiguió ventaja. México logró imponer durante largos periodos el encuentro que había preparado y obligó a Colombia a corregir.
La segunda fue la de los ajustes.
Ahí respondió Lorenzo. Identificó el problema, movió piezas y consiguió equilibrar el escenario.
Por eso quedarse únicamente con el 1-1 sería desperdiciar el partido.
Márquez ganó terreno antes.
Lorenzo lo recuperó después.
Y ése es precisamente el tipo de cosas que vamos a observar en esta nueva etapa.
No solamente quién gana.
Sino quién entiende antes por qué está ganando o perdiendo.
¿DÓNDE TERMINA AGUIRRE Y DÓNDE EMPIEZA MÁRQUEZ?
Ésta quizá sea la pregunta central de los próximos meses.
Rafa habló después del encuentro de conservar la «etiqueta» del Mundial: competir, mantener intensidad y no sentirse inferior frente a un adversario importante.
Perfecto.
Eso ya existía.
Ahora tendrá que agregar lo suyo.
No sabemos todavía si terminará siendo un México de posesión, de elaboración, de verticalidad o una combinación de todas ellas.
Y sería un error inventarle hoy una identidad que todavía tiene que construir.
Lo que sí sabemos es dónde quiere comenzar: mejorar el inicio, la progresión, la finalización y potenciar a sus futbolistas.
No nos confundamos.
Heredar algo bueno no disminuye al nuevo Seleccionador.
Destruirlo solamente para demostrar autoridad sería bastante más preocupante.
Rafael Márquez parece haber entendido algo elemental: no necesita matar al México de Javier Aguirre para construir al suyo.
Necesita mejorarlo.
Ahí está el verdadero desafío.
SATISFECHOS, PERO NO CONFORMES
Al terminar el encuentro, Rafa Márquez regaló involuntariamente el título de esta columna:
«Satisfecho, pero no conforme».
Exactamente.
Sería ridículo pretender saber después de noventa minutos qué Seleccionador será Rafael Márquez.
Pero ya sabemos dónde mirar.
Baltimore fue apenas la primera página.
Quedan cuatro años.
Muchos partidos.
Muchísimas decisiones.
Y cuando llegue el momento de juzgar el proceso no preguntaremos solamente cuántos partidos ganó Rafael Márquez.
Preguntaremos algo bastante más difícil:
¿cuántas veces sus decisiones acercaron a México a ganar?
Ahí estará la verdadera respuesta.
Satisfechos, sí.
Conformes, todavía no.
Mientras tanto, nosotros…
Veremos y diremos.