
Los tiempos de hoy difícil, complejo, peligroso como lo deja ver las recientes declaraciones sobre la inteligencia artificial, requieren que leamos a los filósofos estoicos para orientar nuestro camino.
Marco Aurelio en su libro MEDITACIONES nos decía:
Si no es justo, no lo hagas. Y si no es verdad, no lo digas
Nada debe importarnos cuando vayamos a cumplir nuestra obligación: que haga frío o calor; que tengamos que pasar la noche en vela o dormir hasta hartarnos; ni si nos critican o elogian.
¿Me despreciará alguien? Él verá. Yo me fijaré en no decir ni hacer nada que me haga merecedor de desprecio.
Cuando uno se dedica a imaginar qué hace la gente, por qué, que dice, que piensa, qué trama y cosas parecidas, deja uno de observar nuestra propia conciencia interior.
Atención a lo que dijo o hizo su vecino, ocupándose solo de lo que tiene que hacer él, a fin de que sus actos sean juntos, íntegros y propios de un hombre bueno.
Eliminando la opinión, eliminamos la sensación de <<me han hecho daño>>. Eliminando el <<me han hecho daño>>, habremos eliminado el daño.
Todo lo que es hermoso lo es por sí mismo y también por sí mismo dejará de serlo, sin que en ello participe el elogio. Por tanto, ni se mejora ni se empeora aquello que se alaba.
¿Es que una esmeralda se vuelve peor porque alguien no la elogie?
Igual ocurre con la ley, con la verdad, con la benevolencia o con el sentido del pudor. ¿Cuál de ellas resulta bella simplemente porque la alaben o pierde su belleza porque la vituperen?
No debemos considerar beneficioso nada que un día nos obligue a transgredir lo pactado, a renunciar al pudor, a convertirnos en falsos, o a desear algo que precise de muros o de tupido velo.
La conciencia se hace invulnerable cuando se centra en si misma y a sí misma se basta. Una mente libre de pasiones es una verdadera ciudadela: nadie tiene una fortificación más sólida donde refugiarse y permanecer libre por siempre.
Cualquier cosa que hagas, hazla con intención de ser un hombre de bien, en el verdadero sentido de la expresión.
Cambiar de opinión está justificado cuando hay un fundamento de razón, justicia o beneficio público. No lo está cuando se hace por comodidad o fama.
A menudo actúa mal quien no hace nada, no solo quien hace algo.
No hay que darle tantas vueltas a cómo ser un hombre de bien. Simplemente, hay que tratar de serlo.
Hay que recibir sin orgullo los bienes de fortuna, y perderlos sin lamentaciones.
Recordar que ser <<prudente>> significa tener la costumbre de examinar cuidadosa y atentamente la naturaleza de cada objeto; que ser <<condescendiente>> es mostrar conformidad espontánea con lo que la naturaleza común nos ha otorgado; y que ser <<magnánimo>> significa una elevación de nuestro espíritu por encima de las convulsiones de la vida. Esforzándonos por ser merecedores de tales calificativos, sin exigir que nos aclamen con alguno de ellos lograremos ser una persona singular.
Quien se preocupa de la fama postrera ni siquiera imagina que cada uno de los que le recuerdan morirá también en breve: y a continuación morirá su descendiente, hasta que cualquier recuerdo se extinga en una sucesión de vidas que se encienden y se apagan.
Las cosas humanas son humo y nada. ¿Para qué esforzarse? Basta con atravesar con decoro el breve lapso de tiempo que nos toca vivir.
Antes de hacer un reproche a un amigo desleal o ingrato, deberíamos recapacitar, porque el error es manifiestamente nuestro: bien por haber depositado la confianza en una persona de su condición, pensando que nos iba a ser fiel; bien porque al hacerle un favor, no lo hicimos desinteresadamente.
La benevolencia es invulnerable cuando se practica con sinceridad, sin engaño y sin hipocresía.
Es propia del alma racional amar a nuestro prójimo. Le es propia la verdad, el respeto y el no sobreestimar nada por encima de sí misma, lo que es también el carácter propio de la ley.
La mejor defensa es no ponerse a la altura del otro.
La calidad de tu vida depende de la calidad de tus pensamientos no nos perturban las cosas, sin la opinión que tenemos sobre las cosas
Que prevalezca la razón en tu cerebro, y ALCANZARAS LA SUPERVIVENCIA VITAL