A Propósito del Club Puebla…

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(El Puebla FC y su búsqueda de la Identidad).

“CONSTRUIR TAMBIÉN SIGNIFICA CORREGIR”

Amigo lector…

Hace apenas una semana escribimos en este mismo espacio:

Primero se construye una idea… después llegan los resultados.

Lo hicimos después de observar las primeras tres jornadas del Puebla de Gerardo Espinoza.

Una victoria.

Una derrota.

Un empate.

Cuatro puntos.

Pero, sobre todo, algunos primeros rasgos de identidad.

Un equipo más ordenado.

Más corto entre líneas.

Más intenso para recuperar.

Más comprometido colectivamente.

Y menos resignado.

Dijimos entonces que el Puebla comenzaba a parecerse a su entrenador.

No tengo razones para arrepentirme de haberlo escrito.

Pero el fútbol tiene una extraordinaria virtud.

Todos los días obliga a demostrar nuevamente aquello que uno creía haber conseguido.

Y en Estados Unidos, el Puebla acaba de recibir su primera gran llamada de atención.

Dos partidos.

Dos derrotas.

Ocho goles recibidos.

Portland Timbers le hizo cinco.

Austin FC le hizo tres.

Sería muy sencillo mirar exclusivamente esos ocho goles y concluir que todo lo construido anteriormente desapareció.

Yo tampoco lo haría.

Déjeme le explico.

CUANDO EL MARCADOR CAMBIA EL PARTIDO

Hay un detalle que me parece particularmente interesante.

En sus primeros tres partidos de Liga MX, jugados en México, el Puebla anotó primero.

Lo hizo contra Juárez.

Lo hizo contra Cruz Azul.

Y lo hizo contra Chivas.

Ganó uno.

Perdió otro.

Empató el restante.

En dos de esos tres partidos consiguió evitar la derrota.

En Estados Unidos ocurrió exactamente lo contrario.

Contra Portland recibió primero.

Contra Austin también.

Y perdió ambos.

Parecería simplemente un dato estadístico.

No lo es.

Empieza a plantearnos una pregunta mucho más profunda:

¿Qué tan preparado está este Puebla para jugar desde la adversidad?

Porque una cosa es administrar un partido cuando el marcador te pertenece.

Y otra completamente diferente es reconstruirlo cuando el rival golpea primero.

Ahí comienza otro examen para Gerardo Espinoza.

LOS MINUTOS QUE CAMBIARON TODO

Contra Portland hubo un momento que merece ser estudiado.

Puebla recibió temprano.

Reaccionó.

Empató.

Y durante un buen tramo consiguió competir.

Hasta que llegó el minuto 36.

Portland hizo el segundo.

Dos minutos después llegó el tercero.

Y antes del descanso apareció el cuarto.

Tres golpes prácticamente en racimo.

El partido se convirtió en otra cosa.

Observando las jugadas encontramos errores individuales.

Malas referencias.

Coberturas tardías.

Duelos perdidos.

Desconcentraciones.

Pero encontramos también algo quizá más preocupante.

Desconcierto.

Y no nos confundamos.

Desidia y desconcierto son cosas diferentes.

El jugador con desidia no quiere responder.

El jugador desconcertado muchas veces no sabe cómo responder.

Y cuando el desconcierto se vuelve colectivo aparece inevitablemente la responsabilidad del entrenador.

Porque dirigir también consiste en reconocer cuándo un partido comienza a escaparse.

Y detenerlo.

SABER PONER EL FRENO

Mire usted…

Después del 3-1 contra Portland, Puebla no necesitaba jugar bonito.

Ni siquiera necesitaba buscar desesperadamente el empate.

Necesitaba cinco minutos de fútbol incómodo.

Cerrar espacios.

Juntar líneas.

Bajar pulsaciones.

Recuperar posiciones.

Hablar.

Respirar.

Sobrevivir.

Porque existen momentos en los que dirigir un partido no consiste en cambiarlo.

Consiste simplemente en detenerlo.

Puebla no pudo hacerlo.

Llegó el cuarto.

Y después del descanso, aun teniendo Gerardo Espinoza el entretiempo para analizar lo sucedido, Portland encontró el quinto.

Ahí apareció nuestra primera interrogante seria sobre el entrenador:

¿Cómo administra Gerardo Espinoza una crisis dentro del partido?

AUSTIN TENÍA QUE SER LA RESPUESTA

Cuatro días después llegó otra oportunidad.

Y aquí comienza mi preocupación.

Porque equivocarse una vez forma parte del fútbol.

Lo verdaderamente importante es descubrir qué hace un entrenador después de equivocarse.

Austin anotó al minuto cuatro.

Y tres minutos después…

volvió a hacerlo.

Otra vez dos golpes prácticamente consecutivos.

Otra vez Puebla incapaz de estabilizar inmediatamente el partido después de recibir un gol.

Y al minuto 34 apareció el tercero.

Portland necesitó poco más de media hora para encontrar las grietas.

Austin las encontró prácticamente desde el vestidor.

Por eso esta segunda derrota me preocupa incluso más que la primera.

No por los tres goles.

Por la repetición del síntoma.

EL PROBLEMA NO ES SOLAMENTE PERDER

Permítame insistir.

No estamos calificando todavía el proyecto de Gerardo Espinoza.

Sería absurdo hacerlo después de cinco partidos.

Estamos calificando decisiones.

Comportamientos.

Respuestas.

Y ahí comienzan a aparecer tres señales que el cuerpo técnico deberá atender inmediatamente.

La primera:

Puebla está entrando vulnerable a los partidos.

Portland anotó muy temprano.

Austin también.

La segunda:

Puebla todavía no sabe administrar correctamente el golpe.

Cuando recibe un gol, durante algunos minutos aumenta peligrosamente su vulnerabilidad.

Y la tercera quizá sea la más importante:

la capacidad de corregir.

Portland mostró un problema.

Espinoza lo vio.

Lo reconoció.

Tuvo algunos días para trabajarlo.

Y Austin volvió a encontrar síntomas parecidos.

Eso ya merece atención.

EL ENTRENADOR DECIDE… LOS JUGADORES EJECUTAN

Ahora bien…

Sería tremendamente injusto colocar ocho goles exclusivamente en la espalda del entrenador.

Espinoza puede ordenar una cobertura.

El jugador debe ejecutarla.

Puede trabajar una marca.

El futbolista tiene que respetarla.

Puede pedir concentración.

El jugador debe mantenerse concentrado.

Puede preparar un balón detenido.

Después alguien tiene que ganar el duelo.

En Estados Unidos también hubo responsabilidades individuales.

Muchas.

Pero ahí aparece otra obligación del entrenador.

Decidir quién puede ejecutar su idea.

Si una pareja no funciona…

habrá que cambiarla.

Si determinada zona continúa siendo vulnerable…

habrá que protegerla.

Si un futbolista repite errores…

habrá que decidir.

Porque construir un equipo no consiste únicamente en enseñar una manera de jugar.

También consiste en descubrir quién puede sostenerla.

Y quién no.

Construir también significa seleccionar.

Y algunas veces…

descartar.

LA IDENTIDAD TAMBIÉN TIENE DEFECTOS

Hace una semana escribimos que Puebla empezaba a parecerse a su entrenador.

Hoy agregaría algo.

La identidad de un equipo no está formada únicamente por sus virtudes.

También termina construyéndose con sus defectos.

Un equipo puede reconocerse porque presiona.

Porque juega corto.

Porque intenta recuperar rápidamente.

Porque propone.

Pero también puede terminar siendo reconocido porque concede espacios.

Porque pierde concentración.

Porque recibe un golpe y tarda demasiado en recuperarse.

Eso es precisamente lo que Gerardo Espinoza debe impedir.

Porque una equivocación puede ser un accidente.

Cuando comienza a repetirse…

puede convertirse en una tendencia.

Y cuando nadie la corrige…

termina transformándose en identidad.

CONTROLAR LA CRISIS

Hay entrenadores que saben acelerar los partidos.

Los grandes también saben ponerles el freno.

Ésa será una de las cosas que empezaré a observar particularmente en Gerardo Espinoza.

¿Qué hace cuando su equipo recibe un gol?

¿Cuánto tarda en detectar dónde está el problema?

¿Cuánto tarda en intervenir?

¿Consigue modificarlo?

¿Sus jugadores entienden la corrección?

Porque dirigir no consiste únicamente en elaborar un buen planteamiento.

También consiste en reconocer rápidamente cuándo ese planteamiento dejó de funcionar.

Y corregirlo.

EL RESULTADO Y LA DECISIÓN

Quizá aquí esté la diferencia que durante mucho tiempo hemos pasado por alto cuando evaluamos entrenadores.

El resultado nos dice qué ocurrió.

Las decisiones nos ayudan a entender por qué ocurrió.

Puebla recibió ocho goles en sus primeros dos partidos de Leagues Cup.

Este es el resultado.

Ahora Gerardo Espinoza tendrá que demostrarnos qué aprendió de ellos.

Porque existe una diferencia enorme entre equivocarse y no aprender.

Equivocarse pertenece al oficio del entrenador.

Repetir permanentemente el mismo error empieza a definirlo.

Todavía no estamos ahí.

Pero ya sabemos dónde mirar.

LAS SIGUIENTES DOS PRUEBAS

Y el fútbol le entregará muy pronto dos oportunidades extraordinarias para responder.

La primera llegará el miércoles.

San Diego.

Todavía en la Leagues Cup.

Todavía en Estados Unidos.

Todavía dentro del escenario donde aparecieron estas grietas.

Después vendrá una prueba completamente diferente.

Pachuca.

El regreso a la Liga MX.

Dos partidos.

Dos contextos.

Y muchas respuestas por encontrar.

Yo no miraré solamente los marcadores.

Quiero observar cómo entra Puebla a los partidos.

Qué sucede si recibe primero.

Cómo protege su estructura defensiva.

Cómo responde emocionalmente al golpe.

Y cuánto tarda Gerardo Espinoza en intervenir cuando algo comienza a romperse.

Porque hace una semana escribimos:

Primero se construye una idea… después llegan los resultados.

Hoy agregaría una segunda parte.

Construir también significa corregir.

La idea ya apareció.

Los defectos también.

Ahora viene probablemente la parte más complicada del oficio.

Detectarlos.

Aceptarlos.

Y corregirlos.

Antes de que los rivales conviertan una grieta…

en una costumbre.

Mientras tanto, nosotros…

VEREMOS Y DIREMOS.

Hasta la próxima.

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