ATREVERSE TAMBIÉN TIENE UN PRECIO

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PUEBLA QUISO PROVOCAR EL PARTIDO. AHORA TIENE QUE APRENDER A HACERLO SIN ROMPERSE

Por Pepe Hanan

Puebla empató 1-1 contra León en el Estadio Cuauhtémoc.

Eduardo Armenta apareció al minuto 87 y sacó un extraordinario remate para rescatar un punto que comenzaba a escaparse.

Golazo.

De esos que cambian un marcador.

Pero no necesariamente lo que ocurrió durante noventa minutos.

Y aquí, amigo lector, conviene no confundirse.

Puebla empató el partido. No lo controló.

Son cosas muy distintas.

UNA COSA ES TENER LA PELOTA…

Después de Tigres dejamos una pregunta sobre la mesa:

¿puede este Puebla dejar de esperar que el partido ocurra y comenzar a provocarlo?

Contra León lo intentó.

Tuvo más posesión, remató 14 veces contra 10 del rival y puso seis disparos a portería contra tres.

Hasta ahí…

todo muy bonito.

El problema fue otro.

Las oportunidades verdaderamente peligrosas fueron del León.

Las maderas evitaron goles. Cambindo dejó escapar posibilidades importantes y Facundo Almada tuvo que aparecer para cortar una acción que llevaba olor a gol.

Mientras Puebla acumulaba pelota…

León acumulaba peligro.

¿Por qué?

Muy sencillo.

Puebla tenía la pelota. León tenía los espacios.

Y en el futbol, mire usted, hay ocasiones en que un espacio bien aprovechado vale bastante más que cinco minutos de posesión.

LEÓN SABÍA DÓNDE ESTABAN

Javier Gandolfi terminó confirmándolo después del partido.

Su equipo encontró varias situaciones claras para aumentar la ventaja. Pero lo verdaderamente revelador fue otra cosa:

los espacios ya los habían hablado.

Es decir…

no aparecieron por accidente.

León sabía dónde buscar.

Puebla, obligado por el marcador, adelantaba líneas, perdía la pelota y detrás aparecía la avenida.

Ésa es la parte del partido que Gerardo Espinoza tendrá que mirar con mayor atención.

Porque perder una pelota forma parte del juego. Conceder una oportunidad también.

Pero cuando el adversario encuentra varias veces el mismo camino…

ya no es casualidad. Es información.

Y la información, para un entrenador, sirve para corregir.

ESPINOZA MOVIÓ

También hay que reconocerlo.

Gerardo Espinoza iba perdiendo y no se quedó esperando a ver qué sucedía; movió sus piezas mandando a la cancha a Mustre, Maestro Puch, Jurado y, después, a Armenta al minuto 80.

Siete minutos después…

empató.

¿Genialidad de entrenador?

No exageremos.

Espinoza hizo lo que le correspondía: buscar alternativas.

Puso al futbolista.

Después apareció el futbolista.

Juan Pablo Vargas participó en la acción y Armenta hizo algo que ninguna libreta, ningún pizarrón y ningún entrenador podían hacer por él:

pegarle así a la pelota.

Ahí termina la táctica.

Y comienza el talento.

Espinoza decidió ponerlo.

Armenta decidió dónde ponerla.

Gol.

1-1.

EL PROBLEMA EMPIEZA EN TRES CUARTOS

Después del partido, Espinoza dejó quizá la frase más importante de toda su conferencia.

Su equipo tiene buena salida, avanza, llega hasta tres cuartos de cancha y ahí le falta lo que él llamó:

«ese empujoncito».

Yo iría un poco más lejos.

Le falta hacer daño.

Porque transportar la pelota hasta tres cuartos no gana partidos.

Tampoco los gana la posesión.

Ni la cantidad de pases.

Los partidos se comienzan a romper cuando alguien ve lo que los demás no ven; cuando aparece el pase distinto, el desmarque, el uno contra uno, la pausa, el engaño, la decisión y, finalmente, la definición.

Ahí Puebla todavía tiene una deuda.

Es cierto que Espinoza no dispone hoy de todas las piezas ofensivas que imaginó.

Velasco continúa fuera, Mustre apenas recupera ritmo y Jurado tampoco ha conseguido continuidad.

Todo eso existe.

Pero también existe la tabla.

Y la tabla tiene una pésima costumbre:

no acepta explicaciones.

Cuenta puntos.

Nada más.

EL RIESGO NO FUE IR A BUSCARLO

Puebla perdía.

Tenía que ir.

Eso no se discute.

Lo discutible es cómo fue.

Porque atacar no significa desordenarse; adelantar líneas no obliga a regalar la espalda y buscar un gol tampoco debería significar concederle al adversario las mejores oportunidades para marcar el suyo.

Ésa es la diferencia entre valentía e ingenuidad.

Una te acerca a ganar.

La otra puede ayudarte a perder.

Esta vez León no cobró.

Las maderas tampoco.

Armenta sí.

Y por eso Puebla consiguió rescatar un punto.

Pero cuidado con enamorarse del desenlace.

Porque el gol del minuto 87 puede celebrar el carácter de un equipo.

No debe esconder sus defectos.

AHÍ ESTÁ EL SIGUIENTE TRABAJO

Gerardo Espinoza quería un Puebla que no viviera esperando.

Empieza a conseguirlo.

Perfecto.

Ahora viene una tarea más complicada.

Que el equipo sepa cuándo acelerar, cuántos deben ir, quién debe quedarse y, sobre todo, qué hacer cuando pierde la pelota.

Eso también es atacar.

Quizá sea incluso la parte más difícil de aprender.

Porque cualquiera puede mandar gente hacia adelante cuando va perdiendo.

Lo complicado es hacerlo sin entregarle al rival el partido que intentas rescatar.

Contra León alcanzó.

La próxima vez…

quién sabe.

Porque provocar el error del rival es una virtud; provocar el propio…

ése ya no es atrevimiento, es darle una ventaja.

Y en Primera División…

las ventajas se pagan.

Mientras tanto, nosotros…

VEREMOS Y DIREMOS.

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